Cómo aprenden los bebés y los niños pequeños
A medida que va preparando a su niño o niña para la escuela o la vida, es muy importante ayudar a desarrollar su mente promoviendo el pensamiento independiente y la capacidad para la resolución de problemas. Desarrollo cognitivo es el término empleado por los expertos para describir el aprendizaje y la ampliación del pensamiento y la capacidad de resolución de problemas. Pero, como padres ( y/o madres), no es necesario dar una enseñanza formal a su hijo en edades muy tempranas; más bien, puede realizar actividades educativas con él que le enseñe de forma natural mientras los dos comparten experiencias y le explica las cosas interesantes que se encuentran a su alrededor y le ayuden a entender su entorno más cercano.Sorprendentemente, los bebés y los niños pequeños parecen haber sido programados para aprender de su entorno, y gran parte de lo que nosotros los adultos consideramos como un juego en realidad sirve estimular al aprendizaje de los niños y niñas. Sin embargo, hay muchas medidas sencillas que debe tener en cuenta que hacen estas experiencias aun más eficaces para promover el desarrollo cognitivo de su niño o niña.
¿Qué se puede hacer para crear buenas condiciones de aprendizaje para los niños?
- Hable con su niño. Es insustituible el tiempo dedicado a hablar con su niño sobre experiencias e ideas de interés. Recuerde que no es lo mismo hablar con su niño que hablar a su niño. Hasta los bebés recién nacidos que todavía no pueden producir palabras se benefician de los adultos que hablan con ellos. También es importante dar un lenguaje y uso apropiados. Aunque imitar a un niño que intenta hablar puede ser útil en ciertos casos, es importante demostrar a un niño el uso apropiado del lenguaje así como apoyar su desarrollo en el uso del lenguaje.
- Escuche atentamente a su niño. Tenga paciencia. Permítale suficiente tiempo para que complete sus pensamientos. Lo que los niños quieren decir es importante para ellos, y aprenderá de lo que tienen que decir. Esto tiene particular importancia con los niños más pequeños que cuentan con una limitada cantidad de palabras para expresar pensamientos complejos. Por ejemplo, poco tiempo después de que los niños comienzan a usar sus primeras palabras, ocurre un período en el que usan grupos de dos palabras para expresar el significado que los adultos expresan con oraciones completas. Permitiendo con paciencia que su niño termine de "sacar todas las palabras", puede interpretar lo que el niño está tratando de decir.
- Cante y recite rimas infantiles y canciones que recuerde de su propia niñez. Sirven muy bien todavía Tortillitas y Arroz con leche u otras rimas tradicionales de su país o su familia. Evidentemente, las rimas que recuerda de su niñez son importantes para y, por eso, hay que pasar ese grato recuerdo a su bebé. Eso no sólo sirve para formar una historia compartida, sino que también el patrón inherente a la mayoría de las rimas infantiles sirve para promover el desarrollo de la capacidad lingüística.
- Convierta los paseos comunes y cotidianos en excursiones interesantes. Un paseo al parque de juegos mecánicos puede ser un momento oportuno para notar las diferencias entre la gran cantidad de casas que se ven por el camino. ¿Cuáles son altas y cuáles son bajas? Fíjense en los nuevos brotes en los árboles o cómo las hojas están comenzando a cambiar de color o caerse al suelo. En el mercado, muestre a su niño las diferentes comidas, formas, texturas y olores. Este tipo de observación estimula las preguntas y conversaciones en las que intervienen el lenguaje y los conceptos interesantes.
- Haga juegos de lenguaje con su niño. Invente rimas y cantos graciosos. Este juego ayuda a sensibilizar a su niño a los sonidos del idioma, lo cual es una clave para la eficacia en la lectura.
LA IMPORTANCIA DEL JUEGO EN EL DESARROLLO INFANTIL
La mayoría de los padres, muchos educadores y pediatras, algunos psicólogos y todos los niños piensan que el juego es importante para el desarrollo infantil.
El juego constituye un modo peculiar de interacción del niño con su medio, que es cualitativamente distinto del adulto. Hoy, la mayoría de los especialistas en el tema reconocen que el término “juego” designa una categoría genérica de conductas muy diversas. En una reciente puesta en común sobre el tema, P.K. Smith (1983) señala que su aspecto más singular consiste en la orientación del sujeto hacia su propia conducta, más que en un tipo de conducta particular.
Este control sobre la propia actividad, que se contrapone al ejercicio originado por los estímulos externos, necesidades y metas propio de los comportamientos no lúdicos, tiene mucho que ver con la distorsión de la realidad que supone el proceso de asimilación, tanto biológica como psicológica.
Sin embargo, esta tesis de que el juego tiene una razón de ser biológica y psicológica, que constituye una forma de adaptación a la realidad que es propia de los organismos jóvenes, ha chocado frecuentemente con la idea de que el juego equivale a “tiempo perdido”, que es una actividad nociva que interfiere con las que, en su lugar, se deberían “reforzar”, fomentar o enseñar.
En versión más moderada, el juego sería un mal menor, una liberación de energías que el pequeño no puede, o no conseguimos, que dedique a ocupaciones más serias.
Si se entiende al niño como una mera réplica, en diminuto, del adulto, no puede comprenderse la importancia que tiene el juego en su desarrollo. En la psicología ha sido el enfoque conductista, tanto en su versión clásica pavloviana como la más moderna de Skinner, uno de los que más ha insistido en la similitud de las leyes que rigen tanto el comportamiento adulto como el infantil.
De hecho no han dudado nunca de la validez de extender unos principios a cualquier comportamiento humano, por completo que éste pudiera parecer.
Muchos de los estudios sobre el juego en las dos últimas décadas se deben a biólogos. Comparando el desarrollo en especies muy distintas han observado que son las de aparición filogenético más tardía las que juegan más y durante más tiempo. Cabría preguntarse qué función cumplen estas actividades lúdicas para que hayan sido seleccionadas en el curso de la evolución.
J. S. Bruner (1984), por ejemplo, relaciona el juego con la prolongada inmadurez de los mamíferos, que les hace depender de sus progenitores durante periodos muy prolongados de tiempo. Al tener aseguradas las necesidades básicas las crías de estas especies pueden jugar, es decir, pueden dedicarse a actividades que no están directamente relacionadas con los fines biológicos que tiene el comportamiento adulto.
La realidad es que son precisamente aquellas especies en las que el comportamiento adulto es más flexible y más complejo, en las que el medio al que han de adaptarse es más variable, las que prolongan durante más tiempo la dependencia de las crías y las que, consiguientemente, ofrecen a éstas unas mayores posibilidades de juego.
Una versión antropomórfica de esta teoría, y muy difundida entre las creencias populares, es la de que el niño juega porque no tiene que trabajar. La oposición juego-trabajo trae consigo la adjudicación al primero de todas aquellas características opuestas a la concepción del trabajo como castigo de la humanidad. Es libre, espontáneo, creativo, placentero, etc. Consiguientemente, si lo propio del adulto era trabajar, lo característico del niño debería ser jugar.
¿Cuáles son los rasgos comunes que nos permiten calificar como juego tanto el golpear un objeto del bebé de pocos meses como las “comiditas” y las “guerras” de los niños de 4 ó 5 años y las partidas de dominó de los adultos? Probablemente la misma definición de lo que es el juego ha sido una de las cuestiones más debatidas en la literatura sobre el tema.
Algunas de las primeras teorías psicológicas sobre el juego llevaron la identificación entre la infancia y juego hasta el extremo de definir aquélla por éste (Groos, 1896), o viceversa (Buytendijk, 1935). Pero si el juego es característico de la infancia, es cierto que ninguna es tan prolongada como la humana.
El hombre juega más durante más tiempo y a juegos que son específicamente humanos. Pero, aunque designemos con un mismo término a actividades tan diversas, no se debe eludir sus diferencias ni el hecho de que aparezcan, siguiendo un orden, en momentos diferentes del desarrollo. Como se saber cualquiera que tenga un trato habitual con niños, “no se juega a cualquier cosa en cualquier edad”, cada tipo de juego es predominante en un determinado momento de la vida y las formas lúdicas más elaboradas se construyen sobre otras más simples.


